A veces, mirar es detenerse lo
suficiente para que aquello que
acontece encuentre una forma de
permanecer.
La propuesta invitó a desacelerar la mirada y a recuperar una forma de observar más profunda, pausada y sensible. La práctica sostenida, las instancias de reflexión y el contacto con la naturaleza propiciaron una experiencia en la que fotografiar no consistió únicamente en registrar lo visible, sino en descubrir cómo percibir aquello que conmueve y encontrar, en lo simple, una forma de expresión. Como plus, una muestra permitió profundizar aún más la mirada. Lo sensible como entorno y el entorno manifestado desde esa sensibilidad.
Cada residente exploró la cámara como una herramienta para traducir emociones, sensaciones y modos personales de mirar. La experiencia permitió reconocer que la imagen puede ser también un lenguaje íntimo: una manera de poner en foco, de atender aquello que nos afecta y de construir, desde la propia intuición, una imagen personal y honesta.