El viento pasa.
La tierra permanece.
En las manos queda la memoria,
en la lana, el trabajo,
en el paisaje, las huellas
de quienes aprendieron a habitarlo.
Hay nombres que ya no se pronuncian,
pero el viento todavía conoce.
El viento pasa.
La tierra permanece.
En las manos queda la memoria,
en la lana, el trabajo,
en el paisaje, las huellas
de quienes aprendieron a habitarlo.
Hay nombres que ya no se pronuncian,
pero el viento todavía conoce.